Hoy nos colamos en la vida privada de Mochi, un gato mestizo de mirada intensa y actitud elegante. Vive con su humano desde hace 4 años y accedió —con algo de indiferencia— a responder nuestras preguntas. Esto fue lo que nos dijo:
— Mochi, ¿cómo saludas a tu humano cuando llega a casa?
— Depende. Si llega puntual y con buena energía, me acerco, me estiro y lo miro con dignidad. Si llega tarde o sin snacks… bueno, me hago el dormido. Pero siempre sé que llegó. Siempre.
—¿La comida es importante para ti?
—¿Tú comes sin que te importe? Yo también. Me gusta que me sirvan a la misma hora, en mi plato limpio, y sin sorpresas raras. Si me dan pollo, mejor. Si me dan croquetas, acepto. Pero si me ignoran… maúllo como si fuera el fin del mundo.
—¿Y el aseo? ¿Te gusta que te cepillen?
—Mira, yo soy experto en limpieza. Me acicalo más que cualquier influencer. Pero si mi humano me cepilla con cariño, lo tolero. Si lo hace con apuro, me voy. No es personal, es estilo.
—¿Juegas mucho?
—Juego cuando quiero. Si aparece una caja, entro. Si hay una cuerda, la cazo. Si mi humano mueve los dedos como si fueran ratones… bueno, ahí sí me emociono. Pero no me obligues. Soy gato, no payaso.
—¿Qué es lo que más valoras de tu humano?
—Que me respete. Que no me abrace sin permiso. Que entienda que cuando me acuesto cerca, lo estoy eligiendo. No soy frío, solo tengo mi forma de querer. Y cuando ronroneo, créeme: lo digo todo.
—¿Algún mensaje final para los lectores?
—Sí. Si tienes un gato, no lo fuerces. Obsérvalo, respétalo, acompáñalo. Y si te deja acariciarlo… considérate afortunado
